Suelte las fotos del vuelo y vea en segundos el mosaico preliminar del terreno, dónde quedaron huecos y cuántas veces se vio cada punto. Es la revisión que se hace todavía en el sitio, cuando repetir una línea cuesta diez minutos y descubrir el hueco en la oficina cuesta un viaje.
Cada foto se coloca donde dijo el GPS del dron, a la altura que dijo el barómetro y girada según su brújula. No hay aerotriangulación ni puntos de control: por eso tarda segundos en vez de horas, y por eso no sirve para medir. El producto que se entrega sigue saliendo de Pix4D, Metashape, DJI Terra u ODM.
El vuelo pequeño de nuestro archivo —37 fotos— pesa 684 MB, y uno normal de 300 pasa de 2 GB. Subir eso no es lento: es inviable. Por eso esta herramienta trabaja dentro del navegador y no manda ni un byte de sus fotos a ningún servidor: no se almacena nada, no se envía a terceros y todo desaparece al cerrar la página, así que no queda nada que mirar después — tampoco para nosotros.
Se calcula cuánto se pisan las fotos vecinas a lo largo de la línea y entre líneas, y cuántas veces se vio cada punto del terreno. Por debajo del 60 % de solape la reconstrucción falla en vegetación y en superficies sin contraste, y eso se avisa.
Un hueco dentro del área volada —una línea que se cortó por batería, un disparo que no salió— no se nota en el mando y sí se nota tres días después. Aquí se marcan en el mapa de cobertura y se dan sus coordenadas.
Los DJI que hemos medido reportan el yaw del gimbal con un sesgo constante —25,2° en el vuelo de referencia— que a cámara nadir no tiene sentido físico y estropea el mosaico. La herramienta compara los dos rumbos contra la trayectoria y se queda con el que casa; y trae dos mandos para afinarlo a ojo, o un botón que los busca solo.
PNG con su world file en UTM 19N para AutoCAD, Civil 3D o QGIS; KMZ para abrirlo encima de la imagen satelital en Google Earth; el contorno de cada foto en GeoJSON y CSV; y un informe con las cifras para el expediente.
Sí. Es una de las herramientas PRO. US$5 por 30 días, y un solo pago abre todas las herramientas PRO del sitio —también las que se vayan sumando—. No se renueva solo: no hay cobro automático ni nada que cancelar. Lo que no cambia es lo de siempre: las fotos del vuelo no salen de su computadora.
No. El error de posición es el del GPS del dron —metros—, y el relieve desplaza lo alto respecto de su base. Este mosaico responde «llegué a todo» y «me solapé»; no responde «esto está bien medido».
Depende de la memoria de su máquina, no de ningún servidor. Con el detalle normal, cada foto ocupa alrededor de medio megabyte mientras trabaja: unas cuatrocientas caben con holgura, y por encima de esa cifra la herramienta baja sola el detalle. Si le queda corta, elija Rápido.
Sí. El navegador no decodifica RAW, pero un DNG lleva dentro una vista previa JPEG —960 px en los DJI que hemos medido— y es la que se usa. Para revisar cobertura y solapamiento sobra, y evita leer los 19 MB de cada archivo.
Se puede escribir a mano. Sin altura no hay forma de saber cuánto terreno cubre cada foto, y la herramienta lo dice en vez de suponer un número.
No. La colocación supone cámara apuntando al suelo. Si el gimbal iba inclinado más de 15°, la herramienta avisa: con fotos oblicuas las posiciones que dibujaría no significarían nada.